lunes, 14 de abril de 2008

LOS SIGNOS ESTELARES

La principal razón de nuestro viaje a Egipto, el cual incluyó la búsqueda del laberinto, fue el descubrimiento de Gino sobre una conexión entre la Vía Láctea y varias pirámides y templos de ese país. Lo había advertido cuando puso el mapa de Egipto junto al de la Vía Láctea y vio de inmediato que el templo de Déndera debía tener correspondencia con la estrella Deneb de la constelación Cygnus (del Cisne). Una de las vueltas del Nilo en el área de Déndera, incluso corresponde exactamente a la Vía Láctea. Parecía como si hubiese sido construida; dicha similitud no podía ser una coincidencia. Este hallazgo implica que los egipcios podían determinar con exactitud las posiciones con una distancia de 800 kilómetros entre ellas, de hecho, una cuestión extremadamente difícil que puede medirse sólo con el equipo más moderno. Entonces, decidimos comprar un Sistema de Posicionamiento Global (GPS), que es un instrumento que, vía satélite, puede determinar una posición con exactitud desde cierta ubicación.


Déndera, Egipto, martes 25 de marzo de 1997. El viaje desde nuestro hotel hasta Déndera fue una aventura en sí misma. Justo antes de nuestra visita, docenas de personas habían muerto por los ataques de terroristas y sólo nos permitieron viajar al templo con protección especial de la policía. Pasamos un destacamento de control después de otro y muchos, muchos soldados; parecía como si una guerra se hubiera declarado. A la entrada del templo, Gino se encontró con Mohammed Aldawy Barbary, arqueó­logo y jefe de seguridad. Estuvo con nosotros durante algunas horas y nos permitió quedarnos todo el día. En verdad, fue buena suerte. Nos confirmó que se había asociado a Déndera con la estrella Deneb, como lo habíamos establecido.
Luego de nuestros primeros pasos en el templo, un abrumador sentimiento nos golpeó; todo irradiaba fastuosidad y poder. El día anterior habíamos visitado el Valle de los Reyes, pero no podía compararse con Déndera.

Aquí, todo era más misterioso, más enigmático, más complejo, como si un oculto poder estuviera detrás de ello; era una insondable y profunda fuente de conocimiento y de nosotros dependía tratar de develarla. Miramos con asombro las maravillosas colum­nas y los exquisitos cielos rasos; un guía se nos acercó. Nos mostró arcos subterráneos y nos dijo que muchos de los elementos en el templo se basaban en el número 12, por ejemplo, los doce signos del zodíaco, las doce columnas, los doce polos en el cuadrante solar, etc. Nos llevó a un lugar específico en el medio del templo, donde estaban cantando. Miriam y Brigit, que habían viajado con nosotros, estaban allí paradas, cara a cara en ese pequeño lugar. Su canto sonaba con una belleza sobrenatural y una oleada de placer atravesó mi cuerpo. Parecía que todo el edificio temblaba y vibraba con ellas. Me imaginé un faraón. La tradición nos dice que este ritual se realizaba a la salida del Sol y en el ocaso. Si de mí hubiera dependido, lo hubiese hecho durar para siempre. Cuando terminaron el canto, continuamos estudiando el templo. En el techo tomamos las coordenadas importantes con nuestro GPS y luego admiramos la copia del zodíaco circular. El original está en el Louvre (París), pero se encuentra en peores condiciones. Aquí Gino se dio cuenta de una primera desviación en el concepto. Según sus medi­ciones, el zodíaco estaba dirigido hacia el Norte, con una desviación de cinco grados en dirección Este. Dado que era una copia, tal vez se trataba de una coincidencia. Entonces, decidió medir el eje Sur-Norte del templo y, para su asombro, también este mostraba una desviación de cinco grados en dirección Este.

Medité sobre el particular y hallé una explicación posible. Un círculo tiene 360 grados, si se divide 360 por 5, se obtiene 72.
Si multiplicamos esto por 360, obtendremos el número que indica la precesión del zodíaco: 360 x 72 = 25.920 = precesión. Dado que el templo estaba dedicado al zodíaco, podía ser una buena explicación. Mas adelante, surgió otra hipótesis plausible.
Después de medir la posición, pasamos gran parte del resto del día admirando el edificio. El complejo entero era tan imponente que nos dejó boquiabiertos. Podría escribir un libro sobre el tema. Había que verlo para creerlo. La construcción nos impulsa a aprender. Entonces, uno empieza a darse cuenta de lo avanzado que es y de los secretos que hay detrás de esto. Aquello que pasó hace casi 12.000 años está a punto de suceder ahora. Ese es el poder que emana del templo de Déndera, el cual permanece­rá en mí por el resto de mi vida.
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Esna, Egipto, miércoles 26 de marzo de 1997. La primera evaluación que hicimos fue que el nivel del templo está por debajo del nivel del Nilo. El arqueólogo de turno nos explicó que sólo a esa profundidad había terreno sólido para construir sobre él. Debido a su bajo nivel, padecía filtraciones de agua subterránea y eso perjudicaba la conservación de los jeroglíficos.
Dado que los egipcios eran muy inteligentes para guardar todo en el mejor estado de conservación posible, llegamos a la conclusión de que tuvo que haber una razón especial para construir un templo justo allí, una razón mucho más importante que el grado de dificultad de construirlo allí. Pronto Gino encontró el signo de Altaír (en la constelación del Águila llamada Aquila), el cual nuevamente reforzó nuestra teoría.


Figura 21.
El Zodiaco circular de Déndera

Más aún, vimos columnas similares a las de Déndera; el templo había sido construido en la misma era, de ahí su similitud. Otros elementos de correspondencia son los signos del zodíaco y el patrón de los cielos rasos; ambos tienen también un pozo de noria, pero en Déndera hay un pequeño oasis. Después de haberlo medido, se pudo demostrar que el templo tenía dirección hacia el Norte con una desviación de cinco grados al Este. ¡Dos desviaciones tan llamativas no podían ser una mera coincidencia!

Las pirámides son la constelación de Orión

Giza, Egipto, lunes 31 de marzo de 1997. Caminábamos hacia las pirámides, distantes a menos de un kilómetro de nuestro hotel. Yo había leído una elaborada descripción en el libro Fingerprints of the Gods [Las huellas de los dioses] y, el día anterior, ya había saboreado una primera visión de las pirámides, desde la ventana de nuestro cuarto de hotel: grandiosas, misteriosas, místicas, y un número infinito de otros adjetivos podrían atribuírseles.

“Apuesto a que las pirámides también tienen una desviación de cinco grados”, le dije desafiante a Gino.
“No voy a apostar, porque ya conozco la respuesta”.
Eso nos hizo soltar las carcajadas. Unos minutos después estábamos parados frente a la construcción más grande de la Tierra. Hay que verlo para creerlo; sobrepasa a cualquier descripción que se haya leído acerca de ella. Estaba abrumado por su magnifi­cencia, y la hallaba misteriosa por sus ocultos secretos, mística por su carácter esotérico. Dejamos que esa impresión nos invadiera durante algunos minutos y luego, empezamos a trabajar. Con el GPS, Gino midió las esquinas desde la pirámide; cuando caminamos de una esquina a la otra, también evaluó la dirección de la pirámide. El resultado ya no era una sorpresa para nosotros: había una desviación de cinco grados al Este, la misma desviación detectada en las otras dos pirámides.

El eje Norte-Sur

Durante nuestro cuidadoso estudio de los alrededores, nos topamos con una flecha hecha en el rojo granito de Assuán. Si uno se encuentra frente a la entrada, puede hallarla del lado de la mano izquierda del eje Sur-Norte de la pirámide de Kefrén. Para nuestra sorpresa, la flecha estaba orientada precisamente hacia el Norte. Eso nos llevó a la conclusión de que la desviación de cinco grados, de hecho respondía a una razón específica, en especial porque ya habíamos dado con este ángulo varias veces:

• En Esna y Déndera.
• En el cruce de dos pasadizos en el templo de Karnak.
• En la pared inclinada en Karnak (las paredes inclinadas son excep­cionales).
• En el sarcófago en el templo de Karnak (habitaciones en declive).
• Al estudiar a los celtas.

Como ya lo mencioné, el ángulo puede explicarse por medio de la precesión o movimiento del zodíaco. Es así como los egipcios querían señalarles a las civilizaciones venideras que había que estudiar profundamente. De ahí que, cuando se devela la construcción de la gran pirámide, se hallan varios ángulos de 72 grados, conectados con el ángulo de cinco grados: 360 ÷ 5 = 72. Al multiplicar 360 por 72 se halla la precesión: 72 x 360 = 25.920.
En Egipto, un año tenía 36 semanas de 10 días = 360 días. Los últimos cinco días eran dedicados a los dioses. Con el ángulo de cinco grados, los egipcios también quisie­ron decirnos que medían las horas y minutos de un día (24 x 60 = 1.440 minutos).
Si multiplica esto por cinco obtendrá 7.200, que es un múltiplo de 72. Otra vez, esto apunta a un código de precesión.

La enigmática desviación de los cinco grados en los templos y pirámides nos conduce a las siguientes conclusiones:

• Las pirámides están construidas para señalarnos que la constelación Orión es crucial. Si en virtud de la precesión se convierte en el centro de interés, en la Tierra ocurrirá un desastre.
• En este momento, Orión está casi en su ciclo más alto. Es la constelación más visible en todo el cielo. Eso nos dice que el desastre se aproxima.
• La forma de las pirámides es similar al aspecto de Orión en 2.012 y en 9.792 a.C.

No subestime estos hallazgos porque ellos se basan en el enorme conoci­miento astronómico que tenían los egipcios. Las similitudes entre los templos, las pirámides y sus imágenes celestiales son una prueba incontestable. Con el fin de poder llevar a cabo tan grande y difícil tarea, deben haber sabido muchísi­mo sobre astronomía, geología, geodesia, proyección de mapas, etc.


Hawara, Egipto, miércoles 2 de abril de 1997, 11 hs. A alta velocidad, el taxista apresuró su marcha por el desierto. El Sol me estaba quemando los ojos. A cierta distancia podía ver el contorno de la pirámide Hawara. Me movía impacientemente hacia delante y atrás. Gino señaló la construcción y asintió con su cabeza. Esa era. Nos estábamos acercando rápidamente al objetivo de nuestro viaje.

Figura 22.
En el Zodiaco circular de Déndera existe un código astronómico oculto dentro del emplazamiento de las pirámides y los templos. Aquí puede apreciar una vista tridimensional de la relación entre las estrellas Deneb, Vega y Altaír, y la posición de los templos en Egipto.

Llegamos; el paisaje era desolado y no se veía ni a un solo turista. Tres guías y un vendedor de boletos nos dieron la bienvenida con los brazos abiertos. Ninguno de ellos hablaba inglés, pero afortunadamente nuestro conductor pudo facilitar la comunicación entre nosotros. La entrada costaba dieciséis libras egipcias, lo cual era bastante para una pirámide construida de arcilla, pero lo pagamos con gusto. Nos acompañaron dos guías. Gino y yo nos pusimos los sombreros para protegernos del Sol abrasador y emprendimos la marcha por el sendero de grava. Quedé sorprendido al ver que la pirámide se había derrumbado en el centro y que las piedras de arcilla se habían convertido en una pila informe. En el Valle de los Reyes y en Déndera yo había visto varias construcciones de arcilla. Dado que sólo llueve un día al año en estas regiones, pueden permanecer en bastantes buenas condiciones por miles de años. Era evidente que este no era el caso, aunque es probable que no hubiera más lluvia aquí que en cualquier otro lado. Muy pronto íbamos a resolver este enigma.

Uno de nuestros guías hizo gestos exagerados y señaló una columna blanca brillante, casi invisible sobre la arena, con la figura de dos cocodrilos cincelada en ella. Claramente, esta era una clave de que estábamos en el sitio correcto. Por cierto, Heródoto mencionó que el laberinto se hallaba ubicado cerca de la ciudad del cocodrilo. Nuestros guías se arrodillaron justo frente a la entrada e hicieron en la arena, el dibujo de una pirámide. Distinguieron tres capas en ella y apuntaron a la capa inferior y a una piedra hecha de granito rojo de Assuán. El uso de este tipo de piedra muy dura indicaba que la pirámide debe haber sido importante, puesto que no se trabaja con ella si no hay una buena razón. Encima de esta capa, se usó el mismo tipo de piedra que para las pirámides de Giza. En cuanto a la última capa, estaba hecha de piedras de arcilla, como ya lo hemos señalado.

“Ese granito rojo se usaba para proteger las capas superiores del agua”, dijo Gino, confirmando aquí lo que yo ya sospechaba. Asentí con la cabeza y nos dirigimos hacia la entrada. Al cabo de unos pocos metros nos detuvo el agua que había inundado toda la cámara mortuoria. Gino usó su lámpara, pero era insuficiente para penetrar la oscuridad delante de nosotros. Había agua por todas partes, entonces, alumbró las paredes con su lámpara y pudimos ver que estaban cubiertas de cristales de sal. Mi corazón dio un salto; el laberinto era mucho más profundo que la pirámide y ya había agua de pozo almacenada aquí. Esto también explicaba por qué la pirámide de arcilla se encontraba en tan malas condiciones, pues el agua de pozo había disuelto las capas de arcilla y entonces la pirámide se había derrumbado en parte. Me invadieron unos fríos temblores en el intenso calor de la tarde; si el laberinto estaba inundado, entonces debía contener miles de millones de litros de agua, sin mencionar el daño.

Eso, en verdad, atemperó mi entusiasmo. Nos miramos con duda y entonces trepé una pared que se encontraba justo al lado de la pirámide. A unos veinte metros de distancia, y como a unos ocho metros de profundidad, vi el canal que fluía como lo había descrito Heródoto. La pirámide era mucho más alta y sin embargo, estaba inundada completamente. No Podía entenderlo. Más tarde, Gino me iba a explicar que la tierra había absorbido el agua como una esponja. Esa era una buena explicación por el agua del Pozo, pero no resolvía el problema. No obstante, miré a la distancia y no vi nada más que un verde oasis frente a mí. Pude imaginar con facilidad que solía haber un lago con playas. Por cierto, lejos, hacia la derecha, el oasis cambia por la arena del desierto que casi no difiere de la arena del mar. Muchos geólogos están convencidos de que los desiertos alguna vez fueron mares que se elevaron por acción de la tierra. Mientras yo soñaba despierto, seguí mirando a mí alrededor y pronto tuve la sensación de que nos encontrábamos en el lugar correcto. Durante mi investigación había tenido impresiones similares varias veces y en cada ocasión resultaron ser correctas. Esta vez no iba a ser diferente. ¡El laberinto estaba justo aquí; podía apostar que así era!
Mientras anduvimos por la pirámide, Gino se detuvo para medir su posición. Lo había calculado teóricamente de antemano y, para nuestra satisfacción, sus resultados concordaban con los valores medidos. Nuevamente, se confirmaba lo que ya había sospechado. Del lado norte de la pirámide, el cual apuntaba directamente hacia Giza, había un paisaje desolado donde yacían ruinas de tumbas. En distintos lugares se habían derrumbado y había grandes aberturas. Con muchos gestos, los guías nos indicaron que era peligroso estar aquí y que podíamos hundirnos. Tomamos nota y seguimos con la búsqueda. No había mucho para descubrir, salvo por un hecho peculiar. Cerca de la pirámide, Gino halló dos piedras ubicadas en ángulo recto, con un agujero debajo de ellas. Casi se volvió loco cuando vio esto. En nuestro viaje al aeropuerto, me había contado acerca del sueño de su suegra, el cual decía que si descubríamos dos piedras con un agujero, aquí era el sitio donde se encontraba el laberinto, según su predicción. También me había dicho que muchos de los sueños de esta señora se habían hecho realidad. Y ahora nos encontrábamos aquí, en ese pequeño agujero en el piso. Esto hizo que las cosas parecieran más extrañas, pero más emocionantes. Tratamos de ampliar la brecha con nuestras manos pero no lo logramos muy bien; incluso, Gino tomó varias fotografías en el exterior, pero el resultado fue pobre. El enigma de este presagio, por lo tanto, aún existe. Dado que no tengo experiencia con tales asuntos como las prediccio­nes, sólo quería mencionarlo, por su peculiaridad.

Luego, fuimos al otro extremo del lugar. Fue aquí donde Lepsius había realizado las excavaciones durante el siglo XIX. Aquí también parecía la superficie lunar, por su desolación. Pronto me di cuenta de que las excavaciones de Lepsius no habían sido muy profundas, a lo sumo un par de metros; eso era lo que yo podía ver, por lo tanto, no era suficiente para dejar el laberinto al descubierto, el cual probablemente se encontraba unos cinco metros más abajo. Al ver esto, tuve la certeza de que estaba aquí, justo debajo de mis pies. Continuamos nuestra búsqueda y nos tropezamos con las partes superiores de algunas columnas, y probablemente esta fue la parte superior del laberinto en tiem­pos lejanos. Por más de una hora buscamos la planicie siguiendo un patrón de líneas cruzadas pero, salvo por los muchos tiestos, no obtuvimos otros resultados. De todos modos, ya sabíamos suficiente.

A continuación he elaborado una lista de la principal evidencia que puede explicar por qué el laberinto debe estar ubicado en este lugar:

1) Hay un canal frente a la pirámide, que es un ramal del canal Bahr Jussuf. Según Heródoto, solía haber un canal conectado con el lago que se encontraba frente a la pirámide.
2) Detrás del canal hay una depresión, donde se encuentra el oasis de El Fayum. Es probable que el lago haya estado aquí.
3) La posición de la pirámide concuerda con la estrella Aldebarán de la constela­ción Tauro. Dicha similitud señala la importancia de la posición.
4) Los extremos superiores de varias columnas que sobresalen de la arena, indican que hay más todavía escondido bajo la superficie. Probablemente, estas se erigían en el techo del laberinto.
5) El templo fue construido en los comienzos de la Era de Tauro. Si se observa de cerca la estrella del signo Tauro, se podrá detectar la similitud que tiene con las Pléyades y las Híadas. La región que se corresponde con las Pléyades está ubicada demasiado alto, de modo que esa posibilidad queda descartada. Esto nos deja con las Híadas, y ¡es allí donde se encuentra el laberinto!
6) Las Híadas contienen doce estrellas brillantes y también un buen número de otras tantas. El doce concuerda con el zodíaco. Los astrónomos denominan a las Híadas laberinto de estrellas. Otra indicación adicional es que las Híadas cubren cinco grados del cielo, es decir, el mismo número que la desviación medida en los templos y pirámides en relación con el eje Norte-Sur.
7) El granito rojo de Assuán fue utilizado para los cimientos de la pirámide. Esto apunta a la importancia del lugar, como también al hecho de que protegía la piedra de arcilla de la acción del agua.
8) Dos cocodrilos cincelados son el signo de Crocodilópolis, la cual no estaba lejos de aquí.
9) Lepsius no hizo excavaciones lo suficientemente profundas como para hallar el laberinto.
10) Y el argumento más fuerte de todos: los egiptólogos del mundo entero dicen que el laberinto debe estar aquí. ¿Qué estamos esperando?

Nuestra conclusión es que es absolutamente necesario iniciar una nueva excava­ción aquí. Sólo de este modo el enigma del laberinto perdido puede resolverse.


La búsqueda del laberinto debe empezar de manera muy urgente, de lo contrario, la humanidad se encontrará en un gran peligro. Hace más de 12.000 años prevalecía una civilización sumamente desarrollada. Ellos dominaban la astronomía, la geología, las matemáticas, la geografía, navegaban por los océanos, tenían calendarios increíblemente precisos, etc. La evidencia de todo esto está reunida en el laberinto. Si tan sólo pudiéramos destrabar este conocimiento, cambiaría la historia de la Tierra para siempre. Además, también tendríamos una prueba de dónde obtuvieron sus conocimientos y su sabiduría, para poder predecir la destrucción de la Tierra. Darnos cuenta de que nuestra civilización está por ser barrida de la faz del planeta por una gigantesca catástrofe geológica, en primer lugar causará una tremenda reacción de pánico. Luego, rápidamen­te se emprenderán acciones a nivel mundial para preservar el conocimiento más esencial y transmitirlo a los sobrevivientes de la catástrofe.

Durante mi investigación, me he sorprendido varias veces por la alta calidad de la ciencia de estos antiguos genios. En muchos frentes, su ciencia estaba más avanzada que la nuestra; pudieron calcular las órbitas exactas de los planetas con 4.000 años de anticipación, algo que nosotros acabamos de descubrir ahora. De los innumerables datos que manejaban, pudieron deducir el día final de la destrucción de la Tierra. Ellos sabían que esto era cíclico, que es un acontecimiento recurrente y en él basaban toda su religión. Si yo no llegase a develar estos secretos, la catástrofe golpeará sin una seria advertencia, con desastrosas consecuencias para la humanidad.

Afortunadamente, todos ahora tomarán conciencia de que la excavación de este centro astronómico exige total y absoluta urgencia. De lo contrario, la misión de los antepasados en cuanto a advertir a las generaciones futuras sobre esta catástrofe, amena­za con perderse para siempre. Como ya lo he puntualizado varias veces en mi libro, este desastre mundial puede significar el fin de la humanidad, si no logramos cerrar a tiempo las plantas nucleares. Espero que haya la suficiente cantidad de personas inteligentes para concluir con éxito esta investigación, de lo contrario, la mayor de las catástrofes amenaza con borrar todos los vestigios de la humanidad para siempre.

El hecho de que los conocimientos astronómicos de los egipcios eran imponentes, fue algo que Gino pudo comprobar positivamente cuando regresamos de nuestro viaje. Utilizando las posiciones de las pirámides y templos, trató de calcular matemáticamente cómo los habían realizado. Luego de una intensa búsqueda llegó a la conclusión de que deben haber conocido la exacta circunferencia de la Tierra, y deben haber podido calcular la distancia a las estrellas. Él manejó el problema de la siguiente manera, se preguntó cómo podía proyectar la posición de una estrella en la Tierra.

Solución: congele los cielos en un determinado momento del tiempo, por ejemplo el 27 de julio de 9.792 a.C., que es el día anterior a la catástrofe. Calcule la distancia entre las estrellas y regístrelas en unidades específicas (por ejemplo, ana,[1] real, etc.). Tome el centro de la Tierra y proyecte la estrella en él. Adopte una escala determinada al hacer la proyección, de modo que todo pueda volver a medirse consecuentemente. La proyección es tridimensional, lo cual complica la tarea de manera considerable. Y además de todo eso, debe tener en cuenta el ángulo entre las estrellas. Para hacer esto debe saber matemáticas espacial y tener los conocimientos para proyectar un punto en un paisaje tridimensional. Sólo los más encumbrados matemáticos y astrónomos pueden hacer esto en la actualidad. Luego, coloque el templo en la confluencia con la Tierra.

Nuestras mediciones demuestran que los egipcios pudieron lograr esto y demuestran con claridad que estaban increíblemente adelantados, pudiéndose equiparar su ciencia con la nuestra actual.
Un análisis posterior de esta información muestra que el ángulo entre Esna y Déndera es de cinco grados, exactamente igual al correspondiente a las estrellas Altaír y Deneb. Esto brinda una nueva interpretación de la desviación del eje Sur-Norte. Es probable que haya más ejemplos de este ángulo, como el que existe entre Sirio y Aldebarán, que también tiene cinco grados.


Figura 23.
Vista tridimensional de la relación entre las pirámides, la constelación Orión y las Híades (laberinto de estrellas). Al decodificarla, esta información determina la ubicación del laberinto que apa­rentemente contiene utensilios y documentos de la inundación mundial anterior.

Ophiuchus

Luego del descubrimiento de la relación entre las estrellas mencionadas y sus lugares en la Tierra, Gino vio la constelación Ofiuco (Ophiuchus).Si la teoría es correcta, esta constelación domina casi todo el territorio de Egipto. Una explicación plausible tal vez pueda hallarse en los eventos durante la destrucción de la Atlántida. Cuando Escorpio aparece en el horizonte oriental, Orión muere en el Oeste y desaparece. Según la mitología, Ofiuco curó al cazador Orión, al aplastar a Escorpio con su pie. En el lenguaje astronómico, Orión reaparece en el Este sobre el horizonte, mientras que Ofiuco empuja a Escorpio bajo la tierra, en el Oeste. Esta es una historia que merece estudiarse en profundidad.








[1] Ana: Antigua medida de longitud que equivalía aproximadamente a un metro [N. de la T.].









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